26 enero, 2021
El Gato Mau Egipcio

Descendiente directo de los gatos sagrados de Egipto, el mau, olvidado durante siglos, fue “redescubierto” en Europa en 1953.
Raro y de una belleza salvaje, este gato seduce por su autenticidad.

Los Orígenes

El mau egipcio, el legendario protagonista de un pasado ambientado entre arena y pirámides, podría ser un gato de novela. Sublime felino con un andar de pantera, es el descendiente directo del gato sagrado de Egipto, inscrito en el primer capítulo de la historia de los felinos. Por este motivo representa el resurgimiento de todo un pasado, cuando los gatos eran venerados e incluso deificados. En aquella época la diosa Bastet, mitad mujer y mitad gata, reinaba en todos los hogares y el gato constituía parte integrante de la cultura y de la vida cotidiana de los egipcios. Un gran número de esculturas, frescos y papiros de aquel período lo testimonian. Los millares de representaciones del dios-gato, hoy conocidas por todos, han permitido una comparación inmediata: la semejanza con el mau egipcio es asombrosa; los dos gatos tienen en común la morfología, el porte altivo de la cabeza y el magnífico pelo, demostración de la descendencia directa de una nobleza especial.

Tuvo por embajadora a una princesa

Olvidado durante siglos, el gato mau egipcio llegó a Europa muy tarde. En efecto, hasta 1953, en Italia, no se recordó su existencia, gracias al extraño humor de una princesa rusa exiliada en Roma: Nathalie Trubetzkoi. Se dice que la aristócrata usó incluso los canales diplomáticos para obtener uno de estos gatos; de hecho, a través de la embajada siria, entró en posesión de Gepa -un macho negro humo, proveniente directamente de Egipto- y de Ludol. De Gepa y Ludol nacieron los primeros cachorros, entre otros Baba, y el entusiasmo de la princesa fue tal que se hizo embajadora de esta raza hasta entonces ignorada. Presentó a Baba por primera vez en el gran concurso felino de Roma de 1955 suscitando un gran interés. En diciembre de 1956 la princesa se trasladó con sus gatos a Estados Unidos y uno de sus cachorros, Liza, fue presentado en el Empire Cat Show de Nueva York en 1957.

Lejos de pasar inadvertida, la gatita conquistó a la mayor parte de los criadores. En 1977 el mau egipcio fue oficialmente reconocido por la CFA (Cat Fanciers’Association); actualmente es admitido por la mayor parte de las asociaciones felinas, salvo la FIFe y el Governing Council of the Cat Fancy, que aún dudan en reconocerlo. El mau egipcio volvió a Italia recientemente, en abril de 1990, con Sinuhé el Egipcio, un macho mau, importado de Estados Unidos por un ingeniero de Varese: Francesco Perniola.

gato mau egipcio

Hoy día en España aún no se conocen ejemplares de esta raza. Pero estamos en el buen camino, porque la Comisión Internacional de jueces, después de haber examinado a 15 sujetos de distintas líneas de sangre, apreció su homogeneidad, aprobó el estándar y dio la aprobación para su reconocimiento por parte de la FIFe, que tuvo lugar en 1993.

Una especie de abisinio manchado

Para definir al gato mau egipcio se podría decir sencillamente que se trata de un abisinio manchado. De morfología casi idéntica, los dos gatos se parecen mucho: ambos reproducen la imagen antigua del gato sagrado de El Cairo. La zona de procedencia es la misma; ambos pertenecen a dos razas naturales, es decir, no manipuladas por el hombre, ambos están representados en los papiros, en la estatuaria y en las decoraciones funerarias. En los hallazgos arqueológicos encontramos gatos de manto difuminado y con el característico ticking referibles al abisinio (sobre todo en el Alto Egipto) y gatos con un neto dibujo de manchas (spotted). Y es precisamente el manto lo que distingue al abisinio del mau: el pelaje uniforme del abisinio contrasta con el del mau, manchado en todo el cuerpo, una particularidad que confiere a este último el aspecto de un gato salvaje acentuado por un modo de andar semejante al de los grandes felinos.

Pertenece a esa minoría de felinos que han permanecido intactos desde su aparición hasta nuestros días. Su cría, por tanto, se efectúa sin ningún cruce con otras razas, porque se quiere conservar la morfología y el carácter originarios. Sólo se admite la consanguineidad, aunque dentro de límites restringidos. Si estas dos condiciones se respetan, la cría del mau es relativamente sencilla, puesto que las únicas dificultades derivan de su rareza.

2 gatos mau egipcio color plata

Un gato tímido

Al pertenecer a una raza natural, es decir, no manipulada por el hombre, el mau se presenta como la madre naturaleza lo ha proyectado: un gato sano y robusto, dotado de una gran capacidad de adaptación, que no necesita de una alimentación o de unos cuidados particulares. Sin embargo, desde el punto de vista del comportamiento su aspecto puede llamar a engaño: su andar de felino salvaje podría hacer pensar en un gato agresivo; en realidad, es un individuo independiente y reservado, tranquilo, que rehuye del ruido y de los gestos bruscos.

Un poco desconfiado con los extraños, los observa siempre durante algunos instantes para saber con quién tiene que vérselas antes de establecer relaciones. Pero esta desconfianza, por otra parte sólo inicial, es un sistema de autodefensa y no debemos confundiría con la agresividad: el mau egipcio es todo lo contrario de un gato agresivo. Dulce y afectuoso, óptimo compañero de juegos, pertenece a la categoría de los «gatos-perro»: fiel hasta la tiranía, necesita una atención casi total… Aunque, naturalmente, es él quien decide el momento, como también elige sus instantes de soledad.

Felino en todo y para todo, es él quien impone las reglas del juego, porque un gato no es nunca del todo previsible y debe poderse aislar para volver a presentarse cuando lo desee. Aquí está la gran magia del gato mau egipcio: exigente sin ser agresivo, no acepta ser mandado; tiene un lenguaje propio y sabe hacerse entender, si su amo sabe ponerse a su altura.

Macho y hembra comparten la cría de los gatitos

En el mau egipcio, como en el gato korat o en el ocicat, macho y hembra comparten la cría de los gatitos. Los machos se muestran más dulces con las hembras durante la gestación y puede suceder que algunos tomen parte activa en el parto, cortando el cordón umbilical de los gatitos. Análogamente, algunos gatos participan en la educación de los pequeños. Si el aprendizaje de la caza es una tarea reservada a la hembra, el del aseo es a veces dejado al macho. No se sabe aún bien por qué algunos gatos se ocupan espontáneamente de sus pequeños, mientras que otros esperan que sea la hembra la que se haga cargo de esta tarea.

Las dos versiones del gato mau egipcio

Dos gatos distintos han sido llamados «mau egipcio»: uno es verdadero y el otro es falso… Fascinados por el gato sagrado de Egipto, algunos criadores británicos han querido recrear al legendario felino. El programa establecido consistía en cruzar a algunos siameses tabby para obtener todas las características de la raza antigua. A medida que la cría se desarrollaba, se asistía al nacimiento de los gatos de pelo manchado, en cuya frente se destacaba el signo distintivo: el dibujo de un escarabajo… Estos gatos fueron homologados con el nombre de «mau» (gato) egipcio. En los años cincuenta los primeros gatos importados directamente de Egipto volvieron a poner en discusión la existencia de esta nueva raza. En efecto, los criadores norteamericanos «trabajaban-, a su vez, utilizando auténticos mau y su proyecto llevó en 1977 al reconocimiento de la raza. Hoy el único gato que lleva el nombre de mau egipcio es precisamente el descendiente directo del gato de los faraones. El primero ha debido cambiar de nombre, y hoy es reconocido con el nombre de Oriental tabby spotted.

gato mau egipcio
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