22 septiembre, 2021

La Tercera Edad del gato

A los diez años el gato empieza a manifestar los primeros signos de senilidad. Se vuelve más frágil, más perezoso y sedentario, aunque los signos del envejecimiento son en él generalmente muy discretos.

Es siempre difícil atribuir una edad a un gato, salvo, naturalmente, hacia el fin de su vida. Los mismos veterinarios a veces se equivocan; algunos felinos en excelente estado de salud esconden bien su edad. Además, al contrario que los perros, los gatos conservan, a pesar de los años, un pelo brillante, un paso ágil y un oído fino. Su instinto para el juego, la caza o la emboscada apenas disminuye. Sujetos de 14 o 15 años pueden aparentar 5 o 7 menos.

Una cierta relajación

Sin embargo, al acercarse a los diez años, empiezan a notarse algunos signos de envejecimiento: el pelaje es menos denso, en el hocico aparecen algunos pelos blancos, los ojos son menos brillantes (en general se trata de un principio de cata ratas). El gato empieza a perder algunas costumbres: por ejemplo, permanece cada vez más sentado e inmóvil, extremadamente tranquilo, en general acurrucado sobre un mueble que le sirve de observatorio, vigilando la vida de la casa… y durmiendo.

gato durmiendo
Las manifestaciones del envejecimiento varían de un gato a otro; a menudo los animales con buena salud esconden bien su edad y a veces engañan incluso a los veterinarios.

Estos períodos de reposo ocupan al felino de la tercera edad durante largas horas del día, aunque duerme toda la noche. La disminución de actividad física que resulta de ello generalmente le hace aumentar algunos kilos. Del todo natural, este fenómeno no debe preocupar, siempre que no sea exagerado.

El apetito disminuye

El gato que modera su ritmo se hace menos voraz. Hacia los diez años se le puede notar un descenso de las necesidades alimentarias: entonces se deberá tener en cuenta esta nueva situación y proponer le una dieta adecuada.

Se evitará consentirlo, aunque el animal sea goloso y proteste, porque, si bien le está permitido «redondearse” un poco, es preciso evitar que engorde. I n peso excesivo representaría una fatiga suplementaria para sus músculos, para su osatura y para su corazón que, con la edad, se vuelven inevitable mente más frágiles. Lo ideal es prepararle pequeñas y apetitosas porciones compuestas por carne roja o blanca de buena calidad, pescado, verdura fresca, arroz, un poco de levadura de cerveza, alguna cucharadita de aceite de oliva, calcio vitaminizado y agua mineral.

Las cantidades deben ser progresivamente reducidas, hasta llegar a un cuarto de las porciones que devoraba de joven, y subdivididas en tres comidas diarias. Quizá aún más que cuando era joven, el gato viejo necesita las vitaminas contenidas en ciertos alimentos. De este modo podrá conservar su agilidad y mantener durante más tiempo la atracción por el juego que caracteriza a su especie. Ciertamente, ya no sentirá el deseo irrefrenable de correr tras una madeja de lana, de un tapón de botella o, en algunos casos, de un ratón. En determina dos momentos parecerá incluso indiferente y apático porque su cuerpo cansado ya no responde a los estímulos del ambiente.

Sufre en silencio

Los gatos tienen su orgullo, se dice, y esto nos hace creer que no quieren manifestarnos su malestar. He aquí porqué no es fácil para quien posee un gato descubrir qué hace sufrir a su compañero, localizar las partes de su cuerpo en que la vejez hace mella. Y puesto que ningún lamento llega a atraer su atención, el amo deberá estar atento, sobre todo por lo que se refiere a eventuales modificaciones del comportamiento, que en general son reveladoras: una repentina acritud en el carácter, gestos bruscos, ausencia total de interés en el juego, aislamiento sistemático.

Pero, precisamente por su silencio, incluso la mayor atención no siempre permitirá detectar una disfunción o una enfermedad, por lo que es necesario, cuando el gato llega a los diez años de edad, una visita semestral al veterinario. Algunos veterinarios aconsejan incluso hacer cada año varios exámenes, entre otros el control de algunos parámetros hemáticos (azotemía, glucemia, hemocromatosis), un análisis de orina y eventualmente una radiografía.

cuidados de gatos
Incluso cuando es muy viejo, el gato sigue siendo reservado y el amo a menudo no consigue entender de qué sufre. A partir de los diez años es aconsejable, por tanto, llevarlo al veterinario al menos cada seis meses.Cuidados de Gatos

Una longevidad a veces notable

El gato, hacia los diez años, entra en su tercera edad, pero no por este motivo debe ser considerado próximo a la muerte. En efecto, en los felinos este período puede prolongarse durante años. No es raro, por tanto, que un animal alcance los dieciocho o los veinte años; esta longevidad es a veces asombrosa: el récord es en la actualidad de treinta y siete años. Con seguridad, los gatos viven más que los perros, la mayor parte de los cuales no supera los dieciséis años. El animal que ha sido alimentado de manera equilibrada, que ha tenido una vida tranquila y regular, habitualmente vive más. En general, los gatos castrados son más longevos.

Un gesto pleno de humanidad

Es de desear que nuestro pequeño compañero, llegado al final de su «carrera», vaya al encuentro de la muerte durmiéndose sin sufrir.

En este caso el gato pierde de pronto todos los reflejos, sus pupilas se dilatan totalmente, su cuerpo se enfría y se queda rígido. Pero puede suceder, desgraciadamente, que el animal se vea afectado por una enfermedad incurable y ya no sienta ningún placer en comer, vagabundear y vivir. Si ya no se puede alimentar, si ya no consigue desarrollar sus funciones, si soporta mal los dolores, si ya no ronronea, su propietario deberá decidirse a consultar a un veterinario, que tomará eventualmente la decisión de practicarle la eutanasia. Esta es una elección dolorosa para el amo, pero es un gesto de amor hacia el gato que pondrá fin a sus sufrimientos.

Gatos mayores: Una vida sexual moderada

Por lo que se refiere a la sexualidad, las manifestaciones del envejecimiento son más evidentes. El felino que se acerca a los diez años parece desinteresarse poco a poco del otro sexo. El macho, que a veces desaparecía durante días enteros en busca de alguna hembra que seducir, empieza a preferir las comodidades de la casa y la dulzura de la vida sedentaria. Ya no practica, por ejemplo, los preámbulos del acto sexual, aquellas sesiones interminables que suscitaban la admiración de sus amos, horas pasadas esperando el consenso de una gata, acercándose a ella centímetro a centímetro, siempre atento a no dejarse «adelantar» por un rival.

gato mayor
El gato viejo modera el ritmo de su vida sexual, e incluso el don Juan más incorregible olvida sus conquistas por las dulzuras de la vida sedentaria.

El gato ya no participa en las reuniones nocturnas de los felinos durante las cuales los machos cortejan a las hembras lanzando impresionantes maullidos, tan parecidos al llanto de los recién nacidos. La hembra, por su lado, sigue experimentando el celo hasta avanzada edad y, aparentemente, su actividad sexual se mantiene intacta. Pero sus partos pueden presentarse dificultosos y el número de nacidos en cada carnada disminuye. Los cachorros, además, pueden ser más pequeños al nacer y la frecuencia de los nacidos muertos o de los muertos después del parto habitualmente aumenta. Después de los doce años, además, aunque se acople, difícilmente queda preñada.

Mucho afecto

Si bien con los años se muestra más tranquilo, se frota con menos frecuencia contra las piernas de su amo y reclama menos caricias, el gato que envejece sigue necesitan do afecto, más aún, lo necesita todavía más que en sus primeros años de vida. Las caricias, los juegos y las palabras afectuosas lo llenarán de alegría. El gato viejo, que se ha vuelto más morigerarlo, aprecia más que nunca los signos de afecto: juegos, mimos, caricias y palabras amables lo llenan de placer.

Cuando el gato tiene una edad avanzada, sus amos a menudo están tentados de adoptar otro más joven que, quizás, les ayudará a soportar la desaparición de su viejo amigo. Esta nueva presencia a veces puede estimular al gato anciano, pero éste también puede reaccionar muy mal y vivir esta experiencia con dificultad, sobre todo si siempre ha sido el único animal de la casa. En este último caso es mejor esperar a su desaparición antes de acoger a un nuevo animal. Por el contrario, si el gato siempre ha vivido en compañía, la presencia de otro animal no le resultará desagradable.

comparte

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Si continuas utilizando este sitio, aceptas el uso de las cookies. Más información

Los ajustes de cookies en esta web están configurados para «permitir las cookies» y ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues usando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en «Aceptar», estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar