21 septiembre, 2021

El gato… ¿sociable o asocial?

¿Asocial el gato? Puede creerlo quien no está habituado a frecuentarlo. En realidad, si se lo observa bien, uno se da cuenta de que en él el amor por la libertad no excluye la necesidad de comunicarse.

Nada servil y poco obediente, el gato tiene fama de actuar por su cuenta. Cuando tiene un proyecto preciso, nada puede disuadirlo de llevarlo a la práctica. ¿Se puede por esto decir que es asocial? ¿No hay que hablar más bien de independencia? Su fuerte personalidad desorienta; sin embargo, el hecho de que pueda vivir en el ámbito familiar ¿no es prueba de cierta flexibilidad en el plano de las relaciones? Tanto en el campo como en la ciudad, el gato demuestra una gran capacidad de adaptación. Además, sabe estar en sociedad. Es particularmente aseado, amable en la medida en que se lo sea con él y más que afectuoso, si uno le agrada.

El gato ha elegido al hombre

El gato no huye del hombre. Es más, busca su compañía: es el hombre quien lo alimenta, lo cepilla, lo cuida y protege su sueño. Muy pronto se habitúa a su presencia y cohabita con él sin problemas, conservando, no obstante, un amplio margen de autonomía que le permite establecer las normas de la recíproca convivencia. En efecto, es el gato quien decide el modo y el momento de comunicarse: es él quien elige jugar, o bien acurrucarse sobre las rodillas o en los brazos de su amo. Con los niños es ejemplar; sobre todo si es cachorro se deja vestir, manosear, ser llevado permanentemente en brazos sin manifestar ni la más mínima agresividad.

gato independiente
Aunque haya concedido su confianza a una persona y aprecie el confort de su vivienda, el gato mantiene un fuerte espíritu de independencia.

Pero, a diferencia del perro, el gato no pertenece a nadie. La mejor actitud que adoptar con él es la de considerarlo como un compañero que ha elegido libremente vivir con nosotros. La fidelidad del gato debe ser conquistada: ninguna ciega lealtad, ningún instinto de dependencia lo obligarán a permanecer en una casa donde es maltratado. Pero si es entendido y amado, puede estrechar vínculos de afecto de una gran riqueza con la persona elegida por él.

El gato se comunica

El gato se comunica con el hombre por todos los medios de que dispone. Si está contento ronronea, se enarca, rueda por el suelo, se frota contra las piernas del amo. Utiliza también la voz, cuya gama de sonidos es muy vasta.

El escritor Philippc Kagucnau, autor de una obra dedicada a un gato de nombre Moune, ha registrado más de sesenta y nueve sonidos diversos, que los gatos «usan sólo cuando se sienten entendidos, de otro modo no se molestan». El gato maúlla, emite sonidos diversos en función de lo que quiere comunicarnos; a veces expresa con la actitud aquello que debe decir, sin temor, todo su cuerpo habla: las orejas hacia atrás son signo de agresividad: los ojos entornados son índice de confianza: la cola hinchada es un signo de miedo. No hay gatos mudos o estúpidos, sólo hay personas que no están en condiciones de entenderlos.

También el gato, por otra parte, tiene sus preferencias y sabe expresarlas. Puede ligarse más a uno de los miembros de la familia y mostrarse más reservado con los demás. A veces, tal como los seres humanos, tendrá también sentimientos de antipatía o de celos, que manifestará a su manera.

Los gatos se comunican no sólo entre sí, sino también con los hombres. A tal fin disponen de toda una gama de sonidos (ronroneos, maullidos...) y de un lenguaje mímico particular.
Los gatos se comunican no sólo entre sí, sino también con los hombres. A tal fin disponen de toda una gama de sonidos (ronroneos, maullidos…) y de un lenguaje mímico particular.

Cuando se producen desórdenes que perturban su tranquilidad, cosas para nosotros irrelevantes, repentinamente nuestro gato, hasta aquel momento un animal aseadísimo, se pone a ensuciar por toda la casa en lugares poco convenientes, como en las alfombras.

Un fin de semana demasiado largo, un animal nuevo en casa, pueden ser elementos desencadenantes… Pero, en vez de pensar en absurdas represalias, deberíamos hacer el esfuerzo de entender su desorientación, pensar que el gato ha usado incluso su cuerpo para tratar de comunicarse con nosotros. ¡Sólo a nosotros corresponde entenderlo! De ello resulta que el gato, aunque es considerado introvertido, en virtud del hecho de que defiende su territorio de los intrusos, es un animal nada asocial. ¡Basta pensar en cuando, orgulloso de sus hazañas venatorias, nos trae horrendos trofeos de caza hasta el felpudo de la puerta de casa! En vista de que no somos capaces, quiere enseñarnos a hacer lo mismo. Y esto… ¿no es acaso ser sociable?

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