25 octubre, 2021

El gato Burmés

El gato burmés, o «gato cibelino», es una joya de ojos dorados. Su pelaje es liso como el raso; su cuerpo es elegante y musculoso, con una clase totalmente felina.

Los orígenes

Para definir el origen de la raza de gato burmés es preciso tener en cuenta la leyenda y la historia, sin llegar realmente a precisar dónde empieza una y dónde termina la otra… Según la leyenda, el burmés era un gato sagrado, vivía en los monasterios junto a los monjes birmanos y estaba en condiciones, gracias a su espiritualidad, de comunicarse con los dioses. Pero la historia quiere que todos los burmeses de hoy desciendan de una gatita color avellana llamada Wong-Mau. En efecto, en 1930 la casualidad quiso que una gatita de curioso y particular manto color avellana uniforme, pero con las puntas distales más oscuras, se «frotara» contra las piernas del doctor Joseph Thompson, psiquiatra de la Marina norteamericana, mientras paseaba por las calles de Rangoon, capital de Birmania. Entre el doctor y la gatita (que, a pesar de que era más oscura y pesada, recordaba vagamente al gato siamés) nació un amor a primera vista, al punto que cuando Thompson regresó a su país no dudó en llevársela consigo a San Francisco.

La pequeña había ejercitado tal y tanta fascinación en su propietario que éste se preocupó en el momento justo de buscarle un «marido» adecuado. La elección cayó en Tai-Mau, un bellísimo y elegante macho siamés, que, según el doctor Thompson, se acercaba más que otros a las características morfológicas de Wong-Mau. Los primeros resultados no fueron ciertamente alentadores, pero de nada valieron las críticas que consideraban a Wong-Mau y sus cachorros siameses mal logrados.

gatitos burmeses

Thompson pidió ayuda a genetistas y a expertos criadores para emprender un serio programa de selección. Se le sugirió que acoplara entre sí a los cachorros y luego de nuevo con la madre; obtuvo de este modo tres tipos de color de manto: el tipo siamés, el color de Wong-Mau y un color marrón oscuro. Esta y otras experiencias más demostraron que Wong-Mau no era un feo siamés sino un híbrido, es decir, un sujeto portador de dos genes: el gen del manto siamés es y el gen, llamado luego gen burmés, cb. Los cachorros de color liso debían considerarse, por tanto, verdaderos burmeses en cuanto que eran homocigóticos; es decir, habían recibido, con el recruzamiento, tanto el gen materno cb como el paterno. A continuación se importaron otros tres sujetos con el fin de ensanchar el patrimonio genético y evitar los efectos dañinos de una excesiva
consanguineidad. En pocos años se obtuvo el número de sujetos requerido para el reconocimiento de la raza y la CFA (Cat Fanciers’ Association) lo admitió en sus registros en 1936, pero sólo en la variedad cibelina (marrón). El advenimiento de la Segunda Guerra Mundial puso freno a la rápida expansión de la raza: en Gran Bretaña los primeros sujetos no fueron importados hasta 1947, al final del conflicto.

El gato burmés fue inmediatamente apreciado y hoy es una de las razas más conocidas y difundidas. La raza fue registrada en la variedad marrón ya en 1952 y en 1960 fue reconocido también el gato burmés azul. A pesar de estar universalmente reconocido que el color original del gato burmés es el cibelino, la belleza del manto de este gato ha impulsado a los criadores a seleccionar otras variedades de color. En efecto, después de varios cruces, a principios de los años setenta nacieron nuevos colores hoy reconocidos tanto por el GCCF (Governing Council of the Cat Fancy) como por la FIFe (pero no por la CFA norteamericana), como las variedades chocolate y lila, y luego también, hacia 1975, el rojo, el crema y el carey.

Pero no es sólo el manto lo que hace del gato burmés un gato especial: los ojos, expresivos y brillantes, dan a su mirada una luminosidad tan intensa que es imposible resistirse a ella. El burmés es un gato robusto, dotado de un formidable apetito y que adora, como todos los gatos orientales, alimentarse de pescado fresco. Su manto exige pocos cuidados por parte del propietario: basta cepillarlo dos veces por semana. El burmés se encariña con sus amos de manera casi morbosa; con tal de no separarse de ellos está dispuesto a acompañarlos a donde sea y con cualquier medio (coche, tren, avión) sin ningún problema.

Excelente compañero para los niños, juega con ellos, responde a sus reclamos y acepta, más aún, quiere, que lo cojan en brazos y lo acaricien. Pero es al amo a quien entrega su total devoción. En presencia de un extraño, el burmés se comportará de manera distinta según las personas. Es intuitivo, al punto de que adivina en un instante si se encuentra ante un amigo o un enemigo de los gatos. En el primer caso se acercará él mismo a la mano que se tiende para acariciarlo; en el segundo, asumirá una actitud defensiva o intentará poner la debida distancia entre él y el visitante hostil. Sus reacciones, en cualquier caso, nunca serán ruidosas o violentas.

Vivaces y muy curiosos

El gato burmés es un excelente gato de compañía. Rara vez maúlla, y vale más alegrarse por ello dado que está dotado de un tono de voz muy potente. Se lo distingue claramente, tanto durante un concierto de gatos enamorados como entre gatitos que se divierten. Porque aquí está, si se puede decir, el talón de Aquiles del gato burmés: los pequeños se muestran vivacísimos y traviesos. Desde que empiezan a correr, ya no hay paz: saltan por doquier, tirando todo lo que encuentran por el camino, y llenan la casa de maullidos ensordecedores. Normalmente, en el curso de sus locas empresas no consiguen reunirse tranquilamente: se «enfrentan» improvisando divertidísimos combates, que provocan, entiéndase bien, solo ruido y espectáculo. Pero la mamá, vigilante y atenta, está siempre lista para intervenir y poner freno con Firmeza a la excesiva exuberancia de sus cachorros.

En cuanto al padre, no juzga en general útil tomar parte en la educación de su prole. Pero hay que añadir que la turbulencia de los gatitos se aplaca en pocas semanas; por suerte, los juegos se hacen cada vez más tranquilos y, sobre todo, «inhibidos» por la voz de reproche del amo, los gatitos no tardan en comprender que es mejor calmarse para no ser castigados.

La veneración de los birmanos por sus gatos

Los birmanos aman a sus gatos y los veneran, incluso, al punto de atribuir a las dos razas originarias de su país un significado religioso. La leyenda cuenta, en efecto, que la diosa Tsun-Kiantse ofreció el azul zafiro de su mirada al sagrado de Birmania; el burmés, por su parte, era venerado en los monasterios birmanos. Pero el más buscado por la población local, como protector, era —y aún es— el gato blanco, de cualquier raza que sea. Esta creencia debía tener una incidencia feliz para los aliados occidentales durante la Segunda Guerra Mundial.

gato burmés

Antes de la entrada de Japón en el conflicto, emisarios nipones habían sido enviados a todos los países asiáticos con el encargo de adoctrinar a los habitantes en apoyo de sus argumentaciones sobre el color de la piel. Y para esto utilizaban el «truco» del huevo. Cogían un huevo en la mano y lo aplastaban entre los dedos: «Veis — decían—, el blanco se cuela hasta la tierra, el amarillo permanece en la mano. Ésta es una región «amarilla», ¡es preciso expulsar al blanco para que los amarillos puedan vivir en paz!». En un primer momento los aliados fueron rechazados por Birmania, donde conservaron sólo una pequeña zona costera; cuando pasaron al contraataque, se encontraron frente a la hostilidad de los habitantes.

Fue entonces que un oficial inglés, que había permanecido largo tiempo en Rangoon antes de la guerra, tuvo una idea: ¿por qué no demostrar a los birmanos que también los aliados veneraban al gato blanco? La idea pareció buena y fue organizada la operación «WhiteCat». Se recomendaba a los militares de todas las unidades de tierra, de mar y de aire que buscaran gatos blancos y los cuidaran. Y todavía más: hicieron pintar en todos los medios terrestres, en la carlinga de los aviones, en el casco de las naves, el más blanco de los gatos… Se creó también un distintivo -WhiteCat », que cada soldado debía llevar en la chaqueta y que podía, llegada la ocasión, ofrecer a un birmano.

Primero desconfiados, los birmanos acabaron por pensar que unas personas que amaban hasta tal punto a un animal al que ellos mismos veneraban no podían comportarse como enemigos.

El Estándar (características) del gato burmés

El burmés está reconocido por la FIFe en diez variedades de color. En Estados Unidos sólo está reconocida la variedad cibelina, es decir, la originaria de color marrón. Los demás colores son reagrupados y juzgados por separado como raza malaya.
Cuerpo
De talla media, agraciado, elegante pero al mismo tiempo musculoso y con una fuerza inesperada. Debe estar totalmente exento de grasa. El cuello es largo; el pecho redondo; las patas son relativamente delgadas; las zarpas, pequeñas y ovaladas, están bien diseñadas. Si bien está emparentado con el siamés, no debe parecérsele.
Cabeza
Triangular pero corta, se estrecha hacia abajo y debe ser siempre más corta que la del siamés. La mandíbula es ancha y el
mentón pronunciado. Las orejas, de talla mediana, bien separadas en el cráneo, son anchas en la base con la punta ligeramente redondeada; vistas de perfil, se inclinan ligeramente hacia adelante. La nariz presenta una depresión en la base.
Ojos
Deben ser grandes, brillantes y expresivos. La línea superior del ojo va de manera oblicua hacia la nariz, a la oriental; la línea inferior es redondeada. Se admiten todas las gradaciones desde el amarillo hasta el ámbar, pero se prefiere el amarillo dorado.
Cola
Es recta, de longitud media, poco densa en la base y ligeramente afilada en la punta, que debe ser redondeada.
Pelaje
El pelo es corto, fino y brillante con una textura que recuerda la seda o el raso. Es muy denso, lo que permite que el gato, casi privado
de subpelo, no sufra el frío.
Colores
En todas las variedades la parte inferior del cuerpo es siempre un poco más clara que el dorso, con las partes distales ligeramente más oscuras que la base del cuerpo. En ninguna variedad se admiten estrías. El estándar norteamericano,
que sólo admite el color cibelino (marrón), prevé un gato de morfología más elegante y de formas redondeadas: cabeza
redonda, pómulos llenos, frente bombeada y ojos redondos. Para la FIFe se admiten los colores: cibelino, azul, chocolate,
lila, rojo, crema y los tortuga brown, chocolate, lila y azul.
Defectos para la FIFe
Mandíbula estrecha, ojos demasiado oblicuos, ojos redondos, ojos verdes, manchas blancas.
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