12 junio, 2021
El gato Abisinio

Copia fiel del antiguo gato de los faraones, perfecta encarnación de la gracia y la elegancia, posee también una gran inteligencia.

gatitos abisinios

Muchos amantes de los gatos piensan que el abisinio es el descendiente directo del gato sagrado egipcio; dado que su origen sigue oscuro, se han avanzado muchas hipótesis al respecto.

Los orígenes del gato Abisinio

Las primeras noticias fidedignas que se tienen sobre los gatos denominados abisinios son de 1868. En aquel año, una expedición militar británica fue enviada a Abisinia (la actual Etiopía); una vez terminada su misión, los soldados dejaron el país, llevándose con ellos una gata a la que bautizaron Zula, como el nombre del puerto en el que desembarco la expedición. La singularidad del pelo de Zula, punteado como una liebre salvaje, llamó la atención de sus cuidadores.

A partir de ese momento, las opiniones son muy diversas: según algunos, Zula habia sido cruzada con gatos ingleses, cuidadosamente seleccionados; según otros, antes de dejar Abisinia se había apareado con un ejemplar de Félix Libyca (gato salvaje africano) . A su llegada a Gran Bretaña, Zuma dio a luz una camada de gatitos punteados que iniciarían la raza.

Otros sostienen, en cambio, que Zula es pura invención y que el abisinio es producto únicamente de la crianza británica, obtenida partir de gatos tabby de pelo corto.

En Estados Unidos, el más difundido es el gato Abisinio de pelo corto

gato abisinio de perfil

Para avalar sus tesis, los defensores del origen africano hacen referencia a un gato salvaje embalsamado y expuesto en el Museo de Historia Natural de Leyden (Países Bajos). Huésped del museo desde 1882, este gato tiene un aspecto muy similar al abisinio y, casualmente, proviene de Etiopía. En contraste con esta tesis se cuenta la desafortunada aventura ocurrida a la londinense Rosita Forbes que, enamorada de esta raza, decidió dedicarse a la crianza del abisinio y, para estar segura de poseer una pareja de ejemplares absolutamente puros para la reproducción, acudió a buscarlos a Etiopía, que se suponía entonces, era la tierra de origen del animal.

Una vez en Addis Abeba, quedó fuertemente desilusionada al no encontrar ni un solo gato que tuviera la menor semejanza con el abisinio. Decidida y tena, Forbes decidió recorrer de arriba abajo el país en busca de su gato.
Tras meses de búsqueda por los campos y pueblos no encontró ni rastro del gato de característico pelo punteado y acabó por renunciar, llegando a la conclusión de que, en aquel país, su gato no existía. Esta anécdota confirma la posición de los que dudan respecto al origen africano del abisinio.

En Gran Bretaña, el abisinio consiguió ser registrado como tal en 1882. A pesar de un inicio fulgurante, la raza encontró algunas dificultades: cruces desafortunados generaron modificaciones de la estructura ósea y del color del pelo, y, por lo tanto, una parte de la morfología originaria del abisinio se perdió. También se cambió así el nombre de los abisinios, que pasaron a denominarse “punteados” o “punteados ingleses”, o también “bunny cats”.

A causa de todos estos problemas, el número de ejemplares aumentó muy lentamente. Los primeros abisinios se registraron en el Libro de los Orígenes Británico de 1896, pero en 1905 no se contaba más de doce inscritos. A continuación, las restricciones alimentarias de la Primera Guerra Mundial determinaron la desaparición casi total de la raza. Hubo de esperarse a 1929 para que ésta reconquistase un lugar de honor entre las razas felinas gracias a los esfuerzos del recién nacido Abyssinian Cat Club.
En nuestros días, el abisinio se ha impuesto como el gato de pelo corto más popular de América y dispone de varias asociaciones que se dedican a su causa. Se puede así afirmar que el alumno ha superado al maestro: de hecho existen muchos más gatos abisinios en Estados Unidos que en Gran Bretaña.

En Francia, el abisinio obtuvo el reconocimiento de la Federación Felina Francesa en 1927. El primer ejemplar, importado de Inglaterra, se llamaba Ras Tafari. La raza creció rápidamente, dado que al año siguiente una treintena de gatos se inscribía en el Libro de los Orígenes Francés (LOF). En 1937, los gatos abisinios inscritos en el LOF eran unos noventa y dos, pero en 1939 la Segunda Guerra Mundial provocó un nuevo parón en las inscripciones, que aumentaron únicamente después de 1945.
Desde aquella fecha hasta hoy, las misteriosa fascinación de este espléndido gato ha conquistado siempre a los criadores y a los aficionados.

A las variedades liebre y roja (nacida en 1887 pero no reconocida hasta 1957) se añaden hoy nuevos colores. En 1975 fue reconocido por los ingleses el abisinio azul, y en 1980 el lila. En Italia, aparte de algún raro ejemplar, las primeras camadas fueron registradas en 1981, y en 1985 fue importado de Dinamarca un abisinio azul.

Con esa mirada perdida en el infinito parece el gato egipcio del Louvre

gato abisinio mirando al frente

Entre los gatos de pelo corto, el abisinio presenta una característica particular: el pelaje, lo primero en adornar la sorprendente piel punteada.

Hoy el abisinio comparte esta característica con el gato somalí, el Singapur y el Ghajttu Volpe, el misterioso gato corso. El fino moteado de su pelaje lleva debajo la señal del ticking. Cada uno de los pelos presenta dos o tres bandas de color a lo largo de toda su longitud; una coloración doble o triple es preferible a una simple, y no deben aparecer rayas o manchas aisladas. El abisinio se caracteriza, también, por posturas y actitudes que sólo le pertenecen a él: cuando está sentado, inmóvil, con la cabeza bien erguida y la mira perdida en el infinito, se diría que es el gato egipcio del Museo del Louvre. Por el contrario, si bien no es un animal nervioso, el abisinio es un gato vivaz que tiene necesidad de ejercicio y, cuanto mayor es el espacio a su disposición, más contento está.

Subyugados por su belleza y elegancia, los apasionados por este felino lo están también por su carácter. En este aspecto se trata de un gato realmente especial: extremadamente inteligente, dulce y afectuoso con sus dueños. Se dice de él que es un “gato-perro”, porque le encanta seguir a su amo por todas partes; en casa, cuando vaya de una habitación a otra, puede estar seguro de llevarlo siempre pegado a los talones. Ocurre lo mismo en el exterior: este gato, que aprende fácilmente a caminar con traílla, sigue encantado a su dueño en los paseos.

La mirada avispada y atenta del abisinio deja traslucir claramente su gran inteligencia.

Con su gran personalidad, el gato Abisinio puede llegar a tomar el pelo a su amo…

Racista convencido en el enfrentamiento con otros gatos, el abisinio tiene una buena relación con sus congéneres. Soporta sin problemas a los perros, a cuyos cachorros adora, siempre que no le martiricen demasiado. A pesar de lo placentero que resulta vivir con este gato, tiene sin duda una fuerte personalidad y, si su amo no lo domina, puede llegar a tomarle el pelo.
Un abisinio demasiado mimado puede inquietarse si se osa contrariarle. Así, prudencia…y firmeza!

El estándar del gato Abisinio

Cuerpo
Talla media, paso suave y elástico.
Cola bastante larga y ahusada, ancha en la base. Patas largas y delgadas
Cabeza
Triangular, de proporciones medianas. Facciones dulces y agraciadas. Las orejas, muy pronunciadas y anchas en la base, son relativamente grandes y redondeadas, y en general terminan con un mechón de pelo.
Ojos
Bien delineados, grandes, brillantes y expresivos, son almendrados y ribeteados de negro; su color es ámbar, verde o amarillo.
Pelo
Corto, fino y espeso, aplastado
Ticking
Dos o tres bandas de color en cada pelo, preferiblemente con la extremidad más oscura
Defectos que excluyen el CAC
Medallones blancos. Blanco excesivamente extendido en el pecho. Cuello tapado. Subpelo gris o claro. Carencia de ticking. Rayas en las cuatro patas. Manchas en el vientre. Cabeza redonda.
Defectos
Sombras de “ghostmarking” en patas, vientre y pecho. Cuerpo macizo. Carencia de perfilado alrededor del ojo. Orejas pequeñas o puntiagudas. Ojos redondos. Mezcla de colores en el iris.
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